Diversidad

Descubrí las cortinas de la habitación despacio para que la claridad de la calle penetrara sin violencia. Afuera, un despejado cielo azul presagiaba un bonito día otoñal; algunos coches atravesaban ruidosamente la carretera perdiéndose en dirección al centro de la ciudad cuando me senté a divagar y escribir sobre Diversidad, la nueva creación artística de Carlos Suárez, la cual se expone actualmente en el Centro de Creación Escénica Álvarez Novoa, en La Felguera.
Karolo–pseudónimo del autor–propone al espectador despojarse completamente de su ser por medio de la facultad del mundo *sensible. Una vez despojado, desnudo, lo traslade–manteniendo indemne su concepto de estratificación social–a las líneas y curvas imposibles de frascos y botellas que representan el mundo *inteligible.
Todo ello sin romper con el estilo y las formas características del autor, las cuales posiciona en diversos materiales y técnicas de reproducción de imágenes, incluida la cacareada I.A., que no tiene nada de I, y si mucho de A. Diversidad hace referencia a la abundancia de cosas distintas, luego la serie
no sitúa al espectador en una casa en ruinas, abandonada, que se solidifica en la
memoria de su propietario, convirtiéndose en un monumento a un tiempo pasado,
señal de que nunca volverá.
Diversidad me sugiera Atapuerca, donde los hallazgos de lascas obtenidas de fragmentos de roca seleccionada por su potencial para producir filos cortantes, como el sílex, la obsidiana o la cuarcita, infiere capacidad de planificación–búsqueda de la materia prima–y de relación entre el filo y su función.
Tenacidad y amor por los detalles.
Diversidad me llama mucho la atención, de ahí que rumie si tendrá capacidad de interacción, si ejercerá la suficiente influencia como para establecer comunicación crítica–la serie la busca–entre quienes la observen, dado que esta expresión de la cultura no está producida bajo los auspicios de empresas o corporaciones. Es decir, no obtiene beneficios monetarios, lo que conlleva de por sí el riesgo de la desaparición del pluralismo de pensamiento, de la diversidad..
En esto estaba cuando me embargó la sensación, de que frascos y botellas miraban al infinito con la pasividad de quienes están acostumbrados a no tener nada que ver con el mundo que les rodea, pues es otro, el de las ideas.
Diversidad tiene “un pie de frase” extendido a la entrada de la sala expositiva, estudiado, sopesado, meditado, perfecto para recalcar la idea y el criterio estético del autor.
La serie, acaso parece verter su claridad en la deriva de la noche, sobre las rocas taciturnas, disipando una tras otra, las sombras, y a pesar de que el demonio siempre ha encontrado una arpía para engañar a las personas, aquí no logra ser más que una onda de escamas ante la algidez de una hoguera grande que nos resguarda del frío de las noches brumosas.
No hay necesidad de palabras. La enérgica belleza de la serie se agita en el fondo de su ser. Su tensión pende como una telaraña que pegajosamente atrapa a su víctima. Trama profunda del tejido expositivo.
Vigor inagotable y feroz.
En la sala Álvarez Novoa, las pisadas de los asistentes resonaban aprisa por entre los estrechos pasillos. Nadie parecía contener el aliento pues las voces se alzaban al unísono. Me interrogué si Diversidad tendría algo que ver en esta agitación, si estaba reflejando una maldad, algo procedente de sitios tan próximos y a la par tan lejanos, que nadie de los presentes sabría cómo imaginarlos. Aunque por otro lado, el vocerío y la agitación me recordaban a un grupo de chicharras alborotadas en el campo en medio de una tórrida tarde veraniega.
Imagino que desde la primera exposición en solitario, al autor de Diversidad, le han formulado las mismas preguntas una y otra vez, y quizás, ocasionalmente, alguna, digamos, diferente. Sin embargo, he observado que contesta las cuestiones con paciencia, sin que haya podido detectar indicio alguno de hastío, aunque sí, un atisbo de dolor en sus ojos, quizás sea debido a que de algún modo, el mundo le parece diverso, más claro y definido, pero también más pequeño.
Y no, Carlos Suárez no pertenece a la categoría de personas de gafas caídas sobre la punta de la naríz.
R. IBÁÑEZ.
*Platón: Teoría de las ideas.