DE LO LEJANO A LO PRÓXIMO

En la sala Úrculo de Langreo, tuve la oportunidad de asistir a la inauguración de la exposición: Escuchar el sonido de la fotografía.
Sus autores–once en total–son de nacionalidad coreana, y de ellos, cuatro, tuvieron la amabilidad de llegar a inaugurar la exposición, y con infinita paciencia y una sonrisa en los labios, explicar la idea general de la obra expuesta.
Las distintas sensibilidades de la muestra difieren unas de las otras. La forma e intensidad varían en gran medida, pero todas ellas son variaciones del mismo mensaje.
Al moverme entre las tomas tuve la sensación de que sus sombras eran como las agujas de una hilera de relojes de sol marcando un tiempo extraño, galopante.
La mayoría de las fotografías hablan de la Naturaleza, humanamente intervenida, y sometida a la exigencia adaptativa de la lucha por la supervivencia.
Bosques creados como si se estuvieran agarrando a las entrañas de las gentes, resistiéndose a soltar su presa.
Sus voces son el gemir del viento, de los árboles, de las espigas, del crudo invierno, de la tierra anegada por el agua que da la vida, resentida de tristeza y en ocasiones de lamento. Silencio bidimensional reclamando un horizonte abierto, sin nubes de tormenta y la caricia de un nuevo sol, como la de la mano amante en la mejilla desnuda.
Listen, sound of the photo, busca con frenesí una verdad, la última, pero encontrarla sería el final de un largo camino. No habría por tanto esperanza, ni curiosidad, ni misterio, ni laberintos que condujeran a otros laberintos; ni mucho menos a preguntarse cómo continuar, qué hacer, pues las respuestas ya estarían dadas. Respiro aliviado porque tengo la certeza de que no hay una última verdad.
¿Qué era lo que realmente observaba y qué lo que solo parecía verse? ¿Un algo que no se puede coger con la mano aunque sí ver, escuchar, olfatear, e incluso casi roer? ¿Espectros moviéndose como los cuernos de un caracol, rostros mostrando palidez, aros de humo gris de cigarrillo flotando en el aire?
Difícil cuestión.
En la fotografía, en general, hay “cosas” que transmiten y “cosas” que no transmiten nada. En Listen, sound of the photo, sus fragmentos sueltos navegan entre un sueño y un proyecto. Un sol que influye en el cáliz de una flor. El rocío de la mañana conteniendo la nieve de la pasada noche. Verdes, rojos, amarillos, azules, como si fueran atolones de coral en un mar en el que flotan témpanos de hielo rosado arrastrados por largas y temblorosas corrientes.
Todo está entrelazado.
Me he detenido, como varado, frente a aquellas fotografías durante un largo tiempo. Intentaba captar, asir su aire, su misterio incomprendido y encajonado, tan ajeno a mi práctica de street. No debía de tratarse del color, ni de la quietud del agua…seguí especulando, hablando conmigo mismo. Esas fotografías, por fuerza, habían iluminado los rostros de los autores cuando miraron las espigas, los bosques, el agua, las flores, las construcciones, la hierba, la piedra, el dolor…el día en que fueron realizadas. Aquellos lugares, aquellas mañanas o tardes, con aquella luz, en aquellos instantes, serían los parajes más extraordinarios para los fotógrafos.
Y la temática, el intento de sentir en las carnes propias aquellos momentos luminosos, aquel éxtasis semejante al que se siente con cierta música.
Flores irisadas de soledad cuando el viento trae consigo el cosquilleante aroma salino de la mar.
Siguiendo la propuesta de “Diversidad”, obra de Carlos Suárez, intenté transformarme en el avatar de Listen, sound of the photo, como reflejo de una zona gris, oscura de intimidad personal. Sus palabras me impresionaron, así como su inseguridad porque las vivencias de cada cual determinan más que ninguna otra cosa, la manera de ver y enfrentarse a la realidad. Los hechos siempre valen más que las palabras. Los primeros se quedan mientras todo lo demás sigue su propia inercia.
Un tigre nunca pierde sus rayas.
Quiero agradecer especialmente a Candy Kwon, la atención y paciencia que me dedicó durante la inauguración de la exposición y posterior cena, explicándome los pormenores de Listen, sound of the photo y respondiéndome a las preguntas que le formulaba. Así pude sentirme como Ulises, “que durante dos noches y dos días vagó por las olas sombrías y su corazón presintió la muerte cercana, pero cuando Eos, la de la hermosa cabellera anunció el tercer día, el viento se calmó y reinó una serenidad tranquila, y alzándose sobre una ola y mirando atentamente, Ulises pudo ver la tierra próxima”.
R. Ibáñez.