En la casa de cultura de Moreda, el pasado día 10, se presentó la obra fotográfica “En el umbral del olvido”, de Analía Pello.
Hasta allí me arrimé con la curiosidad de quien va a observar lo desconocido—eso siempre tiene morbo—y la sensación de quien espera algo bueno, vamos que no sería algo como llevar una chaqueta de talla pequeña abrochada hasta el último botón, que tiene el agradable efecto de tapar malamente la barriguita.
Entré donde me aguardaba la exposición con los olores dispersos de Moreda, sin sentir ansiedad o aprensión. En el interior nada era silencioso. Las conversaciones de los asistentes se desarrollaban dispersas o simultáneas. Los comentarios banales se mezclaban con los transcendentales; los alegres con los tristes y con algún gemido, no de alcoba, sino de admiración.
Al final, escuchaba esas voces como si estuvieran enlatadas en una radio.
Analía, tras un año intenso de labor, propone por medio de su obra, reflexionar sobre el valor de ciertos oficios y la necesidad de preservarlos en el tiempo.
En ese hablar por medio de imágenes, Analía quiere ir más allá de la simple visión general, es decir, que observar las fotografías no sea lo fundamental, sino lo que se ve en el interior de las mismas, para, quizás, lo importante, acabe ocurriendo.
En el umbral del olvido se hace hincapié en el aspecto humano, profundizándolo en la realidad actual, la cual idealiza por medio de lo mágico que pervive en lo etnográfico. Así cada toma recoge la persecución de un sueño estructurado en el silencio de un futuro incierto, ese que va invadiendo cada rincón del planeta, hasta que un día, sólo se podrá especular con el sentido de la obra fotográfica.
De manera general, las fotografías de cualquier autor son como los cócteles, unos cargados de alcohol y otros no. Suaves y fuertes, pero aquí, me encuentro conque el sintagma va tras un penacho de humo blanco rosáceo, similar a la espuma del sorbete que alza en soledad su integridad. Austera y fuerte; perfumada de aire de montaña y mar.
Decía Analía:…la necesidad de preservarlos en el tiempo…, y automáticamente comparé la frase con un caballo al trote previo a la carga, con los ojos como ensaladeras, espumeando por la boca mientras se encabrita ante una valla que le infunde miedo.
Preservarlos en el tiempo…cual casita avanzando en forma de proa por encima del mar.
En la obra los personajes van surgiendo de la penumbra en silencio, como queriendo vivir el minuto siguiente antes que el presente. Personajes desheredados, fotografiados para remarcar esa diferencia, aunque esculpidos con tanta ternura que quizás, en noches de grandes pesares, colmen de serenidad.
La serie se viste de traje largo, festivo, cual enmascaramiento de su oscuro interior. Rumor de olas sobre la arena de la playa,
Hace un tiempo lluvioso, plomizo, muy marítimo, que envuelve al día en la neblina de domingo por la tarde sin fútbol. Por el contrario, la obra de Analía trae consigo aromas de la tierra avivando la nostalgia, poniendo recuerdos agitados…discurrir de instantes cuidados, trabajados, y aún así, fugaces; realidades acotadas por bocanadas de aire limpio y fresco.
Fotografía persiguiendo su verdad, sirviendo a su único objetivo sin tomar prestados trozos de su alma, pues la autora, su creadora, le ha dado un alma que expresa en cada recodo de cada toma su propio significado, apartando de ese modo el peligro de encallar en la pulpa de lo impersonal y asegurando su propia identidad con la cual vencerá o será vencida, aunque intacta su entidad.
Acérquense hasta Moreda y observen “En el umbral del olvido”, pero no mirando hacia abajo de continuo que suele entrar dolor de cuello.
R Ibáñez.