Rafa Ibáñez

Biografía

Colaboro con la página web Éxodos.es mediante artículos de opinión sobre fotografía.
    Socio de Asemeyando.
    Socio de la FAAF.
    Socio de la CEF.
    Socio de la Asociación cultural La Serena.
    No soy socio ni del Sporting ni del Oviedo, debido a que ofrecen una faz de complejidad y discusión incesante, lo que me produce escalofríos que se extienden por mi piel y fuera de ella.
    No soy autodidacta porque es algo imposible de ser.
    No soy artista fotográfico como tampoco soy maestro de nada ni de nadie.
    No he ganado nunca un premio de fotografía a pesar de haber participado–y participo–en varios concursos fotográficos.
    Desde hace un quasar tuve una cámara de fotografía en la mano y hacía con ella lo que hace cualquiera sin ideas: «qué bonito es esto: ponte ahí, y zas, foto al canto. Salía lo que salía, aunque para mi era el no va más, como en los casinos. Hasta que un día acudí al Jovellanos, a la primera planta, donde exponen los cracks, a observar una exposición de Stephen Shore.
    Percibí la tensión de la serie pendida de un hilo. Trama profunda del tejido expositivo. Escuché unas pisadas resonando aprisa por los pasillos de la expo. Nadie contenía el aliento y de seguido, voces alzándose al unísono. Me pregunté si las fotografías tendrán algo que ver en esta agitación, si estaban reflejando algo innombrable, o bien, algo procedente de sitios tan apartados, que nadie de los presentes en la exposición sabría cómo imaginar. Por otro lado, el vocerío y la agitación me recordaban a un grupo de cigarras alborotadas en el campo en mitad de una calurosa tarde de verano.
    ¿Cuál sería la suposición correcta?
    El deseo de respuesta me condujo a la certeza de que no hay Dios, ni cielo, ni palabra de Dios, ni infierno; sólo hay cosas ideadas y nombradas por homininos, porque todo es cultural.
    Cultura y sociedad se agitan en el agua de una bañera pequeña, aunque profunda, de bronce fundido con patas de hierro y con una cortina con figuras humanas. Es decir, no son cielos azules, naranjas o una combinación de ambos aburridos de sí mismos.
    la agitación humana es lo que llama mi atención, y la reflejo en lo que se denomina fotografía de calle, y aunque entiendo, que bien lo desee o no, el producto es un condimento falsificado al no poder traer de manera auténtica lo vivido por lo fotografiado. No obstante, la pasión, la locura y el engaño de los relatos, son aristas que afinan mi horizonte.