Viene girando el tiempo Una exposición fotográfica de Jorge Alonso Molina

                   LA NONA

Con la fotografía, el teatro se hace visible una y otra vez, aunque esto ocurra   de modo fragmentado.

Lo que en el teatro desaparece sobrevive en la fotografía,

La relación entre teatro y fotografía  reflexiona en cuanto a sus formas y orígenes, frente a lo que ocurre y a lo que queda de ese momento único e irrepetible de la escena.

El diálogo entre teatro y fotografía, a partir del instante mágico que marcó Cartier Bresson, nos permite ver que la fotografía se relaciona con el teatro, cómo la acción del obturador se decanta a un lado u otro y cómo la fotografía puede sugerir esa obra y a la vez ser una pieza única e independiente con un carácter propio, lejos de la sola cualidad documental.

La relación más cercana, sería la de la fotografía y la pintura en sus orígenes, o la de la fotografía y el cine, en cuanto a imagen fija e imagen en movimiento.

Roland Barthes, en su libro La cámara lúcida, considera justamente que hay una profunda relación entre fotografía y teatro:

La  experiencia estética trasciende al acontecimiento del escenario para que esa imagen fija se convierta en un  documento, en parte de la memoria y  con el  propio valor y dominio de la fotografía, que no sólo evoca la obra en sí misma, si no que, aunque naciendo de ella alcanza el valor de ser única e irrepetible para quien se detenga a mirarla.

Esa imagen que se captura de la escena es valiosa y tiene la capacidad de ser también poesía y obra de arte.

Entre dos fotógrafos sentados uno al lado del otro frente al escenario, habrá diferencias sustanciales que vendrán de la manera de mirar, de la elección de la óptica, del encuadre, de su estado de ánimo en ese momento y sobre todo lo que le interesa a uno y a otro,

                                                                                                                             Jorge Alonso Molina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La  experiencia estética trasciende al acontecimiento del escenario para que esa imagen fija se convierta en un  documento, en parte de la memoria y  con el  propio valor y dominio de la fotografía, que no sólo evoca la obra en sí misma, si no que, aunque naciendo de ella alcanza el valor de ser única e irrepetible para quien se detenga a mirarla.

Esa imagen que se captura de la escena es valiosa y tiene la capacidad de ser también poesía y obra de arte.

Entre dos fotógrafos sentados uno al lado del otro frente al escenario, habrá diferencias sustanciales que vendrán de la manera de mirar, de la elección de la óptica, del encuadre, de su estado de ánimo en ese momento y sobre todo lo que le interesa a uno y a otro,

 

 

 

Jorge Alonso Molina