El Taller del Arquitecto
May11

El Taller del Arquitecto

En Zoom—ya me está resultando tan próximo como que el sol brilla y la Tierra rota sobre su eje—he podido asistir a una nueva edición. En esta ocasión, un tal “Karolo”—en ocasiones Maestro de Ceremonias de las emisiones fotográficas—nos presentó un trabajo de realización propia bajo el título: La poesía de las líneas.             El autor utilizó una metodología (grado de información y conocimiento, análisis bibliográfico, documental y de edición de la materia que presentaba), que hasta ese momento no había observado en anteriores ediciones. Fue una muestra del grado de comprensión consciente del mundo arquitectónico, así como de la carencia de ambigüedad y ambivalencia respecto al pensamiento y emoción del tema propuesto.             Con “La poesía de las líneas” me sitúo en los límites de los temporales y las tormentas. Tanto, que sólo hice una pregunta durante la emisión. Sí, permanecí callado.             El riesgo de comentar “La poesía de las líneas” sin que suene a altanería desmedida, es más que evidente. El pánico a perderme, tremendo. Es algo así como estar en un bosque envuelto por una densa niebla. Hay un camino y debo andarlo. No soy Superman, ni nada que se le parezca, y por tanto, carezco de poderes sobrenaturales que me permitan observar a través de la niebla senderos alternativos. Sólo puedo visionar un trozo pequeño de mi propio camino cada vez que doy un paso, y con suerte, otro detrás de mí. Es un velo de incertidumbre provocando miedo; aunque merece la pena recorrer el camino luchando por encender una luz en mi oscuridad.             “Karolo”, deposita en la estética de la naturaleza intervenida por humanos, la transmisión de su sensibilidad, a la par que nos ofrece como espectadores, la oportunidad de reflexionar sobre esta naturaleza.             Logra configurar una plasticidad vertebrada en su compromiso por demostrar, de que, aún estando inmersos en un mundo estúpido, lleno de contradicciones y a menudo totalmente absurdo, todavía somos capaces de conmovernos ante el sentido mágico y místico de los haces de luz atravesando la naturaleza intervenida.             En la fusión de hidrógeno a helio, la materia se transforma en energía. En la fusión de mirada a fotografía, la materia se transforma en emoción y eficiencia. Y es ahí donde reside la clave para entender la fuerza y el desarrollo gravitatorio de la visión peculiar del actor.             Por mi parte, observo una cierta excitación en el ritmo y en la progresión de las diversas líneas, su tensión y su relajación en la armonía de las curvas, en las infinitas variaciones del movimiento que se aleja y retorna a un centro tonal.             Con su estilo de...

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Entre las gracias y los demonios
May02

Entre las gracias y los demonios

Inevitablemente, toda antología fotográfica implica una elección: la del autor. Antonio Muñoz Nava nos presentó su macrofotografía por medio del programa Zoom. Sí, el de los cuadraditos. ¡Maravillosos cuadraditos!             Cuando finalizó la sesión, comencé a pasearme por mi casa igual que un gallo en un gallinero. Pero al rato, el aire se fue cargando de olor a rancia impotencia. Todo era silencio. Estaba abrumado por la confusión. ¿Cómo iba a relatar mis impresiones si nunca me había atraído la macrofotografía? ¿Cómo iba a realizar una crítica de un asunto, para mí, poco agradable y un tanto friki?             Esta agitación interior quizás estuviera promovida por la atracción de la gracilidad de la naturaleza—aunque arañas y serpientes, huummm—quizás porque en las tonalidades desplegadas por Muñoz Nava radica la alegría melancólica de las gracias y los demonios; quizás porque esta clasificación fotográfica se asemejaba a palabras extrañas que se me atragantan al mostrar un lenguaje que no me permite susurrar. Vete tú a saber.             Fuera del modo que fuera, el estímulo que percibí fue distante al obtenido en la presentación del libro “la mujer y la mar”, sitio donde la prosa y la fotografía no daban ni sabor ni sustancia al tema.             Volviendo a las cuestiones. Dado que no las puedo eludir, escribiré intentando dejar fuera lo que considero interesante fotográficamente hablando para mí; también aquello que pudiera resultarme del gusto o de la moda ahora imperante.             La serie fotográfica muestra el anhelo de querer ver lo que está oculto. De desvelar y mostrar hasta tal punto, que parece una necesidad profunda y primitiva del autor.             Aquí está representando lo real inmediato, lo ya visible entretejido en un velo brillante extendido por toda la Tierra. Cocina sus fotografías como si tuviera en las manos un sartén para hacer una salsa. Está atento a la hora de espesar y la mueve con rapidez para no crear grumos.             Los conos de luz que llegan a las gracias y los demonios, depositan ráfagas de energía adicional que provocan una onda expansiva que se propaga hacia el exterior para finalizar en un espectáculo emocionante.             Yo vuelo hasta el lugar donde mis apetitos siempre me han llevado con menor o mayor acierto: la fotografía callejera y el retrato. Ambas muy distantes del universo del actor. Tanto como estar en el centro de la galaxia elíptica M87, a cincuenta y cinco millones de años luz de la Tierra.             Muñoz Nava me ha causado el efecto de…estar subido a una plataforma de observación a elevada altitud. Desde ahí, todo objeto se muestra pequeñito y gracioso cual casita de muñecas.            ...

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En el corazón de Pe a Pa
Abr19

En el corazón de Pe a Pa

              Hace escasos días, fui invitado a un coloquio-proyección fotográfica de la asociación Photoluz. El convidado y por ende actor primordial, no era otro que el Sheriff del condado de Langreo—Lujó—el cual nos presentó un compendio de su obra estratigrafiada denominada de Pe a Pa. Una evolución.             El fotógrafo Pío Cabanillas, a modo de introducción, narró de manera extensa, casi pormenorizada, los premios fotográficos obtenidos por Lujó, así como los diversos cargos que actualmente ejerce en diferentes asociaciones de fotografía, y, por el medio, a la par que introducía alguna cuña de sus dudas sobre clasificar a los fotógrafos en corrientes fotográficas, alabó el tema fotográfico que íbamos a visionar.             Concluida la introducción, no se oía ruido alguno por entre los cuadraditos del ordenador, como si estuvieran aislados del mundo mientras digerían el curriculum vitae del actor, o bien se sintieron atletas corriendo en un estadio de atletismo, pero por la pista exterior, donde se recorre un mayor camino y se avanza más despacio. ¿Quién sabe?             Discurrió la emisión fotográfica dividida en porciones de quesitos de “la vache qui rit”, previos carteles indicadores de la intencionalidad del autor, y de seguido, largos comentarios del mismo explicando el por qué de su obra. El autor te llevaba de la mano como quien lleva a un niño al cole.             ¿Con el formato desarrollado entre pausas y explicaciones, se iban a dar cuenta los cuadraditos de la evolución de Pe a Pa? ¿No se les abría coartado la capacidad de construir y deconstruir el significado del tema general? ¿Se quedarían solo con aquella parte que les gustase en lugar de la fusión?             Esto me trajo a la memoria, las fuertes lluvias que padecí en los años ochenta en Donostia, las cuales provocaron el desbordamiento del río Urumea anegando una parte de la ciudad.             Suele darnos la impresión, de que los procesos que acaecen en la creación fotográfica son todos iguales. Pero esa es una apariencia engañosa. No son iguales pues poseen vida propia. Unos nacen, otros mueren, otros surgen para convertirse en polvo, y otros, tras un ciclo de desarrollo son lanzados a lo desconocido, y enriquecidos por miradas profundas revelan imágenes o temas brillando con claridad cual poderosos brazos.             En la obra de Lujó, los fragmentos emotivos se alimentan de la pintura: líneas, composición, luz…, creando nuevos esquemas y enigmas personales en el lenguaje visual. Todo está en permanente cambio, avanzando desde un punto anterior para asimilar lo que le sucede y siente para encontrarse a sí mismo.             Puede que a algunos pipiolos la mirada particular del invitado les infunda poca confianza,...

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MODOS DE VER. MODOS DE EXPRESAR
Abr11

MODOS DE VER. MODOS DE EXPRESAR

              El sábado día diez de abril, participé en una nueva emisión de Tarde de Fotos, auspiciada por la asociación fotográfica Asemeyando. En esta ocasión, el actor principal e invitado, era un tal Alejandro Ramírez. Un desconocido para mí.             Como en ocasiones anteriores, la pantalla de mi ordenador se fue rellenando en su parte superior, con cuadraditos que mostraban los rostros—casi todos—de los participantes. Y como en ocasiones anteriores, el ambiente diseminaba energía expectativa, lo cual hace más atractivo si cabe Tarde de Fotos.             Mientras el Sheriff y el Maestro de Ceremonias se ponían de acuerdo en los pormenores de la emisión, busqué entre los cuadraditos del ordenador al fotógrafo que nos había reunido. Creí dar con él, pero no estaba seguro.             En la calle el sol escaseaba pues la noche le iba pisando los talones a la tarde y la lluvia comenzó a golpear levemente los cristales de mi casa.             Llegada la hora, el Maestro de Ceremonias nos presentó al protagonista: Alejandro Ramírez. Joven, con un rostro nada arrogante, de voz y gestos contenidos, guarda una semejanza física con el detective de la serie televisiva Luz de Luna. Al poco, el Maestro de Ceremonias le fue haciendo, a modo de introducción, una serie de cuestiones a las que el modo cohibido de Alejandro respondía políticamente correcto. Quizás por no querer molestar a nadie. Quizás porque estaba sumido en un sueño oscuro desde el que intentaba escudriñar a través de la lluvia.             Finalizada esta etapa de Tarde de Fotos, se abrió paso en la pantalla de mi ordenador una mezcolanza de estilos fotográficos. Yo observaba con la mayor intensidad posible para que se grabaran en mi mente aquellas fotos, pues parecían saludarme tímidamente con la mano.             La mirada desarrollada por Alejandro no me resultó íntima, aunque sí reveladora del empeño en buscar secretos en lo típico con * puntillismo. Fragmentos escogidos—aunque al autor no le “gustaran”—de sociología instantánea de objetos varios con interés, encanto y oscilación entre las normas fotográficas y pictóricas. Resultado del grado de compenetración entre el creador y su obra.             Posiblemente el rasgo característico del autor, sea la curiosidad por descubrir imágenes que prometen un punto de observación comunicativa a partir de un tema simple para mostrar la profundidad idónea de significado. No obstante, tengo la sensación de que las imágenes de Alejandro tienden a ser ambivalentes con respecto a su pensamiento y emociones. Esta percepción partidista deriva de la intensificación abierta de la producción fotográfica del autor. Y sin embargo, en los fragmentos de su obra se aprecia la construcción de un orden gráfico estructurado transmitiendo pasión...

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* ZEITGEIST
Mar13

* ZEITGEIST

Días atrás, y aunque parezca mentira, sin ayuda de colaboradores, logré establecer la conexión con Tarde de Fotos mediante el programa informático Zoom. Esto de conectarme a artilugios cuyos usos ocultos me son desconocidos, me causa una cierta inquietud, por no decir recelo.             Al poco, según se iban sumando personas a la emisión, la pantalla del ordenador se fue rellenando de cuadraditos con rostros. Algunos, otros nuevos para mí. Detrás de los personajes se mostraban diversos fondos: cielos, montañas, cortinas, faros, calles, comedores, etc. Cada cual había seleccionado el fondo más conveniente. Quizás como fórmula de representación. Quizás como uno de los múltiples fondos posibles.             Los cuadraditos del ordenador tenían la extraña facultad de hacer desaparecer o difuminar a los participantes y sus fondos. Ivan y venían a su antojo movidos por los hados invisibles de la tecnología. A mí me dio la impresión de estar participando en un capítulo de la serie televisa “Entre Fantasma”.             El tiempo transcurría entre caladas de pitillos, volutas de humo, cuchicheos y sorbos de cerveza embotellada, mientras aguardábamos a la conexión de algún que otro rezagado.             El ambiente diseminaba energía expectativa cuando una voz grave inició la sesión presentado al actor principal: el fotógrafo Emilio Romanos.             Al conocer cuál de aquellos cuadraditos pertenecía al invitado, un espectro de sensaciones inciertas me invadió. Emilio mostraba el aspecto de un sacerdote de aldea cuyo rostro mostraba cansancio. Algo pálido, de cara delgada delimitada por una barba primitiva y blanquecina. De cejas tupidas y algo más que ralo de pelo. Los cordones grises de su prenda de vestir confesaban la existencia de una semi capucha con la cual cubrir el cuello y la cabeza.  Emilio se inclinó ligeramente hacia adelante para saludar a los participantes del evento. Dejé escapar un suspiro pues su salutación tuvo idéntico efecto a bajar el volumen a un aparato de música. El caso es que su aspecto y su expresión en general se me antojó el de alguien que hubiera estado leyendo filosofía y acabara de soltar el libro para reflexionar sobre lo leído. Inconscientemente me dije que no debería esperar mucho de la sesión, dado que un cura sólo dice cosas de curas. La tarde había dejado paso a la noche cuando el Sheriff de Langreo logró imponer un cierto orden entre los cuadraditos del ordenador. Los rumores, las risas, los chistes de última hora se marchitaron al anunciar el Maestro de Ceremonias la proyección de un vídeo. En él se nos mostraría una minúscula parte del trabajo fotográfico desarrollado por Emilio Romanos. El autor lo había previamente preparado para los presentes. Entonces me fijé...

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