HIJOS DE UN TIEMPO PERDIDO
Jun11

HIJOS DE UN TIEMPO PERDIDO

El pasado día 9 de junio, previa invitación, asistí a la inauguración—con la tele presente y todo—de la exposición fotográfica: Ángeles. Las mil caras del covid. El autor: Lujó. El lugar de la presentación: el Hospital Valle del Nalón, en Langreo. Apropiado para el evento. Se trata de un conjunto de retratos cuyos protagonistas, de una manera u otra, forman parte del sistema sanitario actual. Es decir, de nuestra primera línea de batalla y contención. Aquel que edifica su singularidad en múltiples universos, permitiéndole crear y establecer una ruptura respecto a la desesperación covid. Pero en esta vida nada es gratuito. Todo tiene un precio justo o injusto: miedo, muerte, condicionantes y sentimientos personales implantados por una situación nueva desconocida. Espero que algún día, el gobierno chino diga la verdad de lo acontecido, y solicite el perdón del mundo. ¡Pangolinos, pangolinos, chivos expiatorios de laboratorio! La serie, efectuada en ausencia de color, ambientada en ocasiones, en otras, no, va desde los primeros planos a los planos medios y viceversa. Gafas, mascarillas, gorros de trabajo, sonrisas, miradas cautas, de preocupación, confiadas, expectativas, tristonas, esquivas, teléfonos, mesas, hablan de un bosque oscuro y profundo, de un río desbordado anegando la tierra fértil, de oscuras sombras imprecisas donde ni el pasado ni el futuro son calculables. Al contrario de lo esperado, el blanco y negro no dramatiza las figuras ni su entorno, pues el tono general es muy suave, casi cándido, como queriendo mostrar una magia inherente al presente, dado que el futuro no toma aspecto hasta quizás mañana. Los desenfoques y los campos de profundidad van tras la expresión idónea de cada figurante, evolucionando—con los jurados de los concursos fotográficos, esto no acontece—en respuesta a las cambiantes realidades de los sentimientos humanos que documenta. Cada fotograma—la serie bien podía decirse de cine negro, o compararla con éste—aparte de indicar el preciso lugar de trabajo de los actores, en el lado derecho de los cuadros, un apelativo—quizás cariñoso, quizás no—indica las cualidades subjetivas que el autor—no olvidemos su pertenencia al sistema sanitario—ha observado como cualidad propia e individual de los protagonistas. Qué duda cabe, la muestra es una delicadeza visual realizada con mimo y frontalmente opuesta al pasotismo actual e imperante. En sí, no trata de llamar la atención de la sociedad sobre la pandemia, sino que se trata de un sencillo pero honrado homenaje a quienes están sufriendo en las trincheras. ¿Ángeles como indica el título de la obra? Ni mucho menos. ¿Demonios acaso? Tampoco. ¿Entonces? Profesionales en sus lugares correspondientes. No soy periodista y carezco de madurez fotográfica. Esto no es impedimento para ir un poco más allá de lo...

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DIEZ POR DIEZ
Jun09

DIEZ POR DIEZ

El reloj chino del pasillo marcó las veinte horas cuando dio comienzo la emisión, por Zoom, el fallo del certamen fotográfico diez por diez. Diez clubs con diez fotógrafos remitiendo una única fotografía para hacer un total de cien imágenes. Número redondo e idea original del arquitecto Karolo, la cual aplaudo con entusiasmo.             Todas las luces de mi casa estaban apagadas, por aquello de abonar un recibo que ya es más parecido al misterio de la Santísima Trinidad que a otra cosa.             La luna amenazaba con asomarse a las calles asfaltadas. No había grillos cantando, aunque la espera tensa daba paso a cuchicheos y bromitas de última hora entre los cuadraditos del ordenador. Quizás alguno, haciendo alarde de contorsionista, se estaba comiendo las uñas de los pies. No lo sé.             Por fin comenzó. Bienvenidas, presentaciones, agradecimientos a las asociaciones y clubs fotográficos realizadas en español, inglés y turco. Vamos lo normal.             Tres jurados—uno ausente de la emisión—hablaron sobre la importancia de estos acontecimientos, pues unían a la gente, las enseñanzas que se aprenden, las diversas maneras de ver y expresar; de disfrutar del juego, de la diversidad de la temática presentada, el nivel excepcional de los fotógrafos, etc. Una pasadita de agua y jabón revestida de cierto sentido del humor.             A mí, me daba la impresión de ser partícipe en la construcción de una casa amplia y sólida, de paredes blancas hechas con vigas de roble y piedra, en una bahía abierta al mar. Resguardada de los vientos de poniente.             Mesándome la barba, imágenes de retratos, paisajes, nocturnas, callejeras, sociales, marinas, fantasiosas, cobraban vida ante mis ojos. Me sentía como aquella persona que no ha visto nunca el mar, y su inmensidad es una revelación, un secreto inconmensurable que jamás olvidará.             Finalizada la rueda fotográfica, la expectación avivaba la curiosidad por conocer a los ganadores. Al individual y al colectivo. Pero esta rueda, previamente, había descubierto a otros fotógrafos en sus universos de tamaños inconcebibles, repletos de emociones y, posiblemente de vivencias personales. Visiones del mundo. Estrellas orbitando alrededor de un centro común: el arte de la fotografía.             Llegaba pues la parte arcaica de conducta tribal: enfrentarse a opiniones diferentes a la de los concurrentes. Tiempo en que el cielo cobra singular importancia; tiempo donde las agitaciones superficiales tornan en mordidas de labios y encogimientos del corazón. Ralentí acelerado sin paz a la vista.             Los jueces y su impacto sobre el auditorio. ¡Buuffff!  Jueces que se suponen tocando las notas apropiadas siguiendo criterios que dan sabor y sustancia a la materia fotográfica. Aunque siempre me dio la impresión de que...

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El Taller del Arquitecto
May11

El Taller del Arquitecto

En Zoom—ya me está resultando tan próximo como que el sol brilla y la Tierra rota sobre su eje—he podido asistir a una nueva edición. En esta ocasión, un tal “Karolo”—en ocasiones Maestro de Ceremonias de las emisiones fotográficas—nos presentó un trabajo de realización propia bajo el título: La poesía de las líneas.             El autor utilizó una metodología (grado de información y conocimiento, análisis bibliográfico, documental y de edición de la materia que presentaba), que hasta ese momento no había observado en anteriores ediciones. Fue una muestra del grado de comprensión consciente del mundo arquitectónico, así como de la carencia de ambigüedad y ambivalencia respecto al pensamiento y emoción del tema propuesto.             Con “La poesía de las líneas” me sitúo en los límites de los temporales y las tormentas. Tanto, que sólo hice una pregunta durante la emisión. Sí, permanecí callado.             El riesgo de comentar “La poesía de las líneas” sin que suene a altanería desmedida, es más que evidente. El pánico a perderme, tremendo. Es algo así como estar en un bosque envuelto por una densa niebla. Hay un camino y debo andarlo. No soy Superman, ni nada que se le parezca, y por tanto, carezco de poderes sobrenaturales que me permitan observar a través de la niebla senderos alternativos. Sólo puedo visionar un trozo pequeño de mi propio camino cada vez que doy un paso, y con suerte, otro detrás de mí. Es un velo de incertidumbre provocando miedo; aunque merece la pena recorrer el camino luchando por encender una luz en mi oscuridad.             “Karolo”, deposita en la estética de la naturaleza intervenida por humanos, la transmisión de su sensibilidad, a la par que nos ofrece como espectadores, la oportunidad de reflexionar sobre esta naturaleza.             Logra configurar una plasticidad vertebrada en su compromiso por demostrar, de que, aún estando inmersos en un mundo estúpido, lleno de contradicciones y a menudo totalmente absurdo, todavía somos capaces de conmovernos ante el sentido mágico y místico de los haces de luz atravesando la naturaleza intervenida.             En la fusión de hidrógeno a helio, la materia se transforma en energía. En la fusión de mirada a fotografía, la materia se transforma en emoción y eficiencia. Y es ahí donde reside la clave para entender la fuerza y el desarrollo gravitatorio de la visión peculiar del actor.             Por mi parte, observo una cierta excitación en el ritmo y en la progresión de las diversas líneas, su tensión y su relajación en la armonía de las curvas, en las infinitas variaciones del movimiento que se aleja y retorna a un centro tonal.             Con su estilo de...

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Entre las gracias y los demonios
May02

Entre las gracias y los demonios

Inevitablemente, toda antología fotográfica implica una elección: la del autor. Antonio Muñoz Nava nos presentó su macrofotografía por medio del programa Zoom. Sí, el de los cuadraditos. ¡Maravillosos cuadraditos!             Cuando finalizó la sesión, comencé a pasearme por mi casa igual que un gallo en un gallinero. Pero al rato, el aire se fue cargando de olor a rancia impotencia. Todo era silencio. Estaba abrumado por la confusión. ¿Cómo iba a relatar mis impresiones si nunca me había atraído la macrofotografía? ¿Cómo iba a realizar una crítica de un asunto, para mí, poco agradable y un tanto friki?             Esta agitación interior quizás estuviera promovida por la atracción de la gracilidad de la naturaleza—aunque arañas y serpientes, huummm—quizás porque en las tonalidades desplegadas por Muñoz Nava radica la alegría melancólica de las gracias y los demonios; quizás porque esta clasificación fotográfica se asemejaba a palabras extrañas que se me atragantan al mostrar un lenguaje que no me permite susurrar. Vete tú a saber.             Fuera del modo que fuera, el estímulo que percibí fue distante al obtenido en la presentación del libro “la mujer y la mar”, sitio donde la prosa y la fotografía no daban ni sabor ni sustancia al tema.             Volviendo a las cuestiones. Dado que no las puedo eludir, escribiré intentando dejar fuera lo que considero interesante fotográficamente hablando para mí; también aquello que pudiera resultarme del gusto o de la moda ahora imperante.             La serie fotográfica muestra el anhelo de querer ver lo que está oculto. De desvelar y mostrar hasta tal punto, que parece una necesidad profunda y primitiva del autor.             Aquí está representando lo real inmediato, lo ya visible entretejido en un velo brillante extendido por toda la Tierra. Cocina sus fotografías como si tuviera en las manos un sartén para hacer una salsa. Está atento a la hora de espesar y la mueve con rapidez para no crear grumos.             Los conos de luz que llegan a las gracias y los demonios, depositan ráfagas de energía adicional que provocan una onda expansiva que se propaga hacia el exterior para finalizar en un espectáculo emocionante.             Yo vuelo hasta el lugar donde mis apetitos siempre me han llevado con menor o mayor acierto: la fotografía callejera y el retrato. Ambas muy distantes del universo del actor. Tanto como estar en el centro de la galaxia elíptica M87, a cincuenta y cinco millones de años luz de la Tierra.             Muñoz Nava me ha causado el efecto de…estar subido a una plataforma de observación a elevada altitud. Desde ahí, todo objeto se muestra pequeñito y gracioso cual casita de muñecas.            ...

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En el corazón de Pe a Pa
Abr19

En el corazón de Pe a Pa

              Hace escasos días, fui invitado a un coloquio-proyección fotográfica de la asociación Photoluz. El convidado y por ende actor primordial, no era otro que el Sheriff del condado de Langreo—Lujó—el cual nos presentó un compendio de su obra estratigrafiada denominada de Pe a Pa. Una evolución.             El fotógrafo Pío Cabanillas, a modo de introducción, narró de manera extensa, casi pormenorizada, los premios fotográficos obtenidos por Lujó, así como los diversos cargos que actualmente ejerce en diferentes asociaciones de fotografía, y, por el medio, a la par que introducía alguna cuña de sus dudas sobre clasificar a los fotógrafos en corrientes fotográficas, alabó el tema fotográfico que íbamos a visionar.             Concluida la introducción, no se oía ruido alguno por entre los cuadraditos del ordenador, como si estuvieran aislados del mundo mientras digerían el curriculum vitae del actor, o bien se sintieron atletas corriendo en un estadio de atletismo, pero por la pista exterior, donde se recorre un mayor camino y se avanza más despacio. ¿Quién sabe?             Discurrió la emisión fotográfica dividida en porciones de quesitos de “la vache qui rit”, previos carteles indicadores de la intencionalidad del autor, y de seguido, largos comentarios del mismo explicando el por qué de su obra. El autor te llevaba de la mano como quien lleva a un niño al cole.             ¿Con el formato desarrollado entre pausas y explicaciones, se iban a dar cuenta los cuadraditos de la evolución de Pe a Pa? ¿No se les abría coartado la capacidad de construir y deconstruir el significado del tema general? ¿Se quedarían solo con aquella parte que les gustase en lugar de la fusión?             Esto me trajo a la memoria, las fuertes lluvias que padecí en los años ochenta en Donostia, las cuales provocaron el desbordamiento del río Urumea anegando una parte de la ciudad.             Suele darnos la impresión, de que los procesos que acaecen en la creación fotográfica son todos iguales. Pero esa es una apariencia engañosa. No son iguales pues poseen vida propia. Unos nacen, otros mueren, otros surgen para convertirse en polvo, y otros, tras un ciclo de desarrollo son lanzados a lo desconocido, y enriquecidos por miradas profundas revelan imágenes o temas brillando con claridad cual poderosos brazos.             En la obra de Lujó, los fragmentos emotivos se alimentan de la pintura: líneas, composición, luz…, creando nuevos esquemas y enigmas personales en el lenguaje visual. Todo está en permanente cambio, avanzando desde un punto anterior para asimilar lo que le sucede y siente para encontrarse a sí mismo.             Puede que a algunos pipiolos la mirada particular del invitado les infunda poca confianza,...

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