¿Y tú qué sabes?
Jun27

¿Y tú qué sabes?

Todo empieza con preguntas, y cuanto más reflexiono, todo se torna complejo. Esto en sí, es un acontecimiento símil al agua de lluvia filtrada por la tierra caliza, con charcos aquí y agujeros aquí y allá intentando retenerla. De ahí el nacimiento de horas tensas de lucha perpetua, de violencia asesina. Cuestiones con respuestas a modo de cenefas decorativas.             Reconozco mi incapacidad de hallar la manera apropiada de enfrentarme a la denominada “fotografía creativa”, pues más que fotos, veo a un niño grandote y hermosete, hablando atropelladamente y desplegando su inabarcable fantasía reflejada en imágenes.             Digo imágenes en lugar de fotografías, porque, aunque la herramienta y el lenguaje utilizado es el medio fotográfico, el resultado son imágenes de representaciones mentales gráficas.             No soy partidario de los collages fotográficos creadores de contrastes inesperados. Colisionan con mis ideas—posiblemente equivocadas, –quizás porque ando vagando de un lado para otro con la disconformidad a cuestas. Quizás porque no puedo entender una fotografía si previamente no comprendo el modo en que concuerdan sus diversos componentes. Ausencia de entendederas.             No obstante, debo confesar, que durante la emisión mi curiosidad iba aumentando conforme discurría. Las creaciones complejas de Gorka parecían salidas de una intuición casi divina, como Minerva de la cabeza de Júpiter. Esto me hace entrar en una nueva dimensión cuya entidad es diferente a la que practico, y a la par tan cercana.             El autor, aporta soluciones variadas a inquietudes concretas. En eso consiste la creatividad.             La libertad de Gorka para pescar dentro de un mar de sensaciones, de conocimientos, posiblemente son el fruto de las interacciones personales con otros individuos que persiguen idéntico objetivo. La emisión de Zoom lo charra. No hay por tanto magia en la creatividad, sino en el estímulo adecuado que de improviso asoma a su mente—o la de cualquiera—como consecuencia de algo que ha visto, leído o escuchado. Un fotógrafo aislado tiene escaso porvenir.             Evolución, mendigo siempre a tu lado, fastidio del destino.             Las imágenes me retrotraen a los “tableaux vivant” de Oscar Rejlander y Peach Robinson—1856/1857—los cuales preparaban bocetos a lápiz o carboncillo, luego, montaban la escena para posteriormente capturarla con la cámara. Si no era suficiente el efecto logrado, superponían diversos negativos—hasta treinta y seis en The two ways of life—obteniendo la escena exacta que buscaban.             Carezco del toque virtuoso de Gorka, de esa especie de mutación biológica capaz de transformar las escamas de los reptiles del Triásico, en plumas de aves planeadoras que, al batir de las alas, vuelan en cielos abiertos donde no susurra el aire, ni los lobos aúllan al viento.             La sesión en...

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DE LO LEJANO A LO PRÓXIMO
Jun14

DE LO LEJANO A LO PRÓXIMO

La pinacoteca Eduardo Úrculo de Langreo, y dentro de la sala de exposiciones FIAF—no sé por qué siempre acabo diciendo FIAT—acoge la obra fotográfica NAMASTE, de los fotógrafos África Márquez y Carlos Carmona.             Llevo una semana, fotográficamente hablando, siendo invitado, y, por ende, testigo de sendas inauguraciones fotográficas claramente diferenciadas. Tanto por el lugar de exhibición (Hospital Valle del Nalón, pinacoteca Eduardo Úrculo), como por la temática expuesta. Algo muy emocionante.             No obstante, si la sita en el Hospital refleja una preocupación actual y concreta, la ubicada en la sala FIAF, su anhelo se me escapa. Esto me abre el apetito inquieto, obligándome a reflexionar sobre su materia—social y fotográfica—a modo de monje capuchino de convento, paseante de sombras, impresiones y recuerdos. Con un cierto temor a caer en lo etnográfico.             Lógicamente he estado con los autores, y escuchado la urdimbre de su obra. La emoción, el impacto profundo que les causó un continente como la India. Teatro de euritmia y sugestión. Evasión del tedio sospechoso de incurrir en ajada manidez.             Relatos fotográficos en forma de libros, exposiciones o álbumes sobre la India, los hay en cualquier parte, pero en ellos, la preocupación por el efecto—sí, la dichosa primera impresión—domina en demasía, tanta como para que no se pueda apreciar el valor del testimonio que se da. No suelen despertar el espíritu crítico, sino que la vulgaridad y la trivialidad aparecen transformadas en revelaciones que el autor santificó. ¿Qué se puede obtener de esos trabajos? Migajas insípidas de información que deambulan por todos los manuales habidos y por haber. Para colmo, al autor no le tiemblan las piernas en presentarlo como testimonio y revelación original.             No me cabe duda de la existencia de excepciones. En NAMASTE, el cartel de presentación de la obra, me indica el primer cambio. A modo de Joquer, dos hombres, uno en color, el otro en ausencia del mismo, miran al visitante mientras se unen por las narices. El que tiene una especie de gorra sobre la cabeza, abre los ojos al nuevo mundo, el que carece de ella, entrecierra los ojos. La piel arrugada contrasta con la lisa del compañero, Fondo enfocado, fondo desenfocado. Un buen comienzo con el cual marcar diferencias. Y continúa.             Dentro de la sala FIAF, las imágenes, en global, se intercalan entre el blanco y negro desdramatizado, y el toque preciso, justo, de color. Las treinta y pico fotos—no recuerdo el número exacto—se dividen en retratos magníficamente ejecutados—color—y una mezcla no definida de documental/social/Street—blanco y negro—resueltas con una maestría que ya me gustaría.             Individualmente, las fotografías parecen despojarse de todo lo material para...

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HIJOS DE UN TIEMPO PERDIDO
Jun11

HIJOS DE UN TIEMPO PERDIDO

El pasado día 9 de junio, previa invitación, asistí a la inauguración—con la tele presente y todo—de la exposición fotográfica: Ángeles. Las mil caras del covid. El autor: Lujó. El lugar de la presentación: el Hospital Valle del Nalón, en Langreo. Apropiado para el evento. Se trata de un conjunto de retratos cuyos protagonistas, de una manera u otra, forman parte del sistema sanitario actual. Es decir, de nuestra primera línea de batalla y contención. Aquel que edifica su singularidad en múltiples universos, permitiéndole crear y establecer una ruptura respecto a la desesperación covid. Pero en esta vida nada es gratuito. Todo tiene un precio justo o injusto: miedo, muerte, condicionantes y sentimientos personales implantados por una situación nueva desconocida. Espero que algún día, el gobierno chino diga la verdad de lo acontecido, y solicite el perdón del mundo. ¡Pangolinos, pangolinos, chivos expiatorios de laboratorio! La serie, efectuada en ausencia de color, ambientada en ocasiones, en otras, no, va desde los primeros planos a los planos medios y viceversa. Gafas, mascarillas, gorros de trabajo, sonrisas, miradas cautas, de preocupación, confiadas, expectativas, tristonas, esquivas, teléfonos, mesas, hablan de un bosque oscuro y profundo, de un río desbordado anegando la tierra fértil, de oscuras sombras imprecisas donde ni el pasado ni el futuro son calculables. Al contrario de lo esperado, el blanco y negro no dramatiza las figuras ni su entorno, pues el tono general es muy suave, casi cándido, como queriendo mostrar una magia inherente al presente, dado que el futuro no toma aspecto hasta quizás mañana. Los desenfoques y los campos de profundidad van tras la expresión idónea de cada figurante, evolucionando—con los jurados de los concursos fotográficos, esto no acontece—en respuesta a las cambiantes realidades de los sentimientos humanos que documenta. Cada fotograma—la serie bien podía decirse de cine negro, o compararla con éste—aparte de indicar el preciso lugar de trabajo de los actores, en el lado derecho de los cuadros, un apelativo—quizás cariñoso, quizás no—indica las cualidades subjetivas que el autor—no olvidemos su pertenencia al sistema sanitario—ha observado como cualidad propia e individual de los protagonistas. Qué duda cabe, la muestra es una delicadeza visual realizada con mimo y frontalmente opuesta al pasotismo actual e imperante. En sí, no trata de llamar la atención de la sociedad sobre la pandemia, sino que se trata de un sencillo pero honrado homenaje a quienes están sufriendo en las trincheras. ¿Ángeles como indica el título de la obra? Ni mucho menos. ¿Demonios acaso? Tampoco. ¿Entonces? Profesionales en sus lugares correspondientes. No soy periodista y carezco de madurez fotográfica. Esto no es impedimento para ir un poco más allá de lo...

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DIEZ POR DIEZ
Jun09

DIEZ POR DIEZ

El reloj chino del pasillo marcó las veinte horas cuando dio comienzo la emisión, por Zoom, el fallo del certamen fotográfico diez por diez. Diez clubs con diez fotógrafos remitiendo una única fotografía para hacer un total de cien imágenes. Número redondo e idea original del arquitecto Karolo, la cual aplaudo con entusiasmo.             Todas las luces de mi casa estaban apagadas, por aquello de abonar un recibo que ya es más parecido al misterio de la Santísima Trinidad que a otra cosa.             La luna amenazaba con asomarse a las calles asfaltadas. No había grillos cantando, aunque la espera tensa daba paso a cuchicheos y bromitas de última hora entre los cuadraditos del ordenador. Quizás alguno, haciendo alarde de contorsionista, se estaba comiendo las uñas de los pies. No lo sé.             Por fin comenzó. Bienvenidas, presentaciones, agradecimientos a las asociaciones y clubs fotográficos realizadas en español, inglés y turco. Vamos lo normal.             Tres jurados—uno ausente de la emisión—hablaron sobre la importancia de estos acontecimientos, pues unían a la gente, las enseñanzas que se aprenden, las diversas maneras de ver y expresar; de disfrutar del juego, de la diversidad de la temática presentada, el nivel excepcional de los fotógrafos, etc. Una pasadita de agua y jabón revestida de cierto sentido del humor.             A mí, me daba la impresión de ser partícipe en la construcción de una casa amplia y sólida, de paredes blancas hechas con vigas de roble y piedra, en una bahía abierta al mar. Resguardada de los vientos de poniente.             Mesándome la barba, imágenes de retratos, paisajes, nocturnas, callejeras, sociales, marinas, fantasiosas, cobraban vida ante mis ojos. Me sentía como aquella persona que no ha visto nunca el mar, y su inmensidad es una revelación, un secreto inconmensurable que jamás olvidará.             Finalizada la rueda fotográfica, la expectación avivaba la curiosidad por conocer a los ganadores. Al individual y al colectivo. Pero esta rueda, previamente, había descubierto a otros fotógrafos en sus universos de tamaños inconcebibles, repletos de emociones y, posiblemente de vivencias personales. Visiones del mundo. Estrellas orbitando alrededor de un centro común: el arte de la fotografía.             Llegaba pues la parte arcaica de conducta tribal: enfrentarse a opiniones diferentes a la de los concurrentes. Tiempo en que el cielo cobra singular importancia; tiempo donde las agitaciones superficiales tornan en mordidas de labios y encogimientos del corazón. Ralentí acelerado sin paz a la vista.             Los jueces y su impacto sobre el auditorio. ¡Buuffff!  Jueces que se suponen tocando las notas apropiadas siguiendo criterios que dan sabor y sustancia a la materia fotográfica. Aunque siempre me dio la impresión de que...

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El Taller del Arquitecto
May11

El Taller del Arquitecto

En Zoom—ya me está resultando tan próximo como que el sol brilla y la Tierra rota sobre su eje—he podido asistir a una nueva edición. En esta ocasión, un tal “Karolo”—en ocasiones Maestro de Ceremonias de las emisiones fotográficas—nos presentó un trabajo de realización propia bajo el título: La poesía de las líneas.             El autor utilizó una metodología (grado de información y conocimiento, análisis bibliográfico, documental y de edición de la materia que presentaba), que hasta ese momento no había observado en anteriores ediciones. Fue una muestra del grado de comprensión consciente del mundo arquitectónico, así como de la carencia de ambigüedad y ambivalencia respecto al pensamiento y emoción del tema propuesto.             Con “La poesía de las líneas” me sitúo en los límites de los temporales y las tormentas. Tanto, que sólo hice una pregunta durante la emisión. Sí, permanecí callado.             El riesgo de comentar “La poesía de las líneas” sin que suene a altanería desmedida, es más que evidente. El pánico a perderme, tremendo. Es algo así como estar en un bosque envuelto por una densa niebla. Hay un camino y debo andarlo. No soy Superman, ni nada que se le parezca, y por tanto, carezco de poderes sobrenaturales que me permitan observar a través de la niebla senderos alternativos. Sólo puedo visionar un trozo pequeño de mi propio camino cada vez que doy un paso, y con suerte, otro detrás de mí. Es un velo de incertidumbre provocando miedo; aunque merece la pena recorrer el camino luchando por encender una luz en mi oscuridad.             “Karolo”, deposita en la estética de la naturaleza intervenida por humanos, la transmisión de su sensibilidad, a la par que nos ofrece como espectadores, la oportunidad de reflexionar sobre esta naturaleza.             Logra configurar una plasticidad vertebrada en su compromiso por demostrar, de que, aún estando inmersos en un mundo estúpido, lleno de contradicciones y a menudo totalmente absurdo, todavía somos capaces de conmovernos ante el sentido mágico y místico de los haces de luz atravesando la naturaleza intervenida.             En la fusión de hidrógeno a helio, la materia se transforma en energía. En la fusión de mirada a fotografía, la materia se transforma en emoción y eficiencia. Y es ahí donde reside la clave para entender la fuerza y el desarrollo gravitatorio de la visión peculiar del actor.             Por mi parte, observo una cierta excitación en el ritmo y en la progresión de las diversas líneas, su tensión y su relajación en la armonía de las curvas, en las infinitas variaciones del movimiento que se aleja y retorna a un centro tonal.             Con su estilo de...

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