REDANIMARE
Ene18

REDANIMARE

Ahora que ya no trabajo y me sobran las horas, busqué un sitio apacible para escribir, silencioso para mi triste figura. A lo mejor, resulta una ocupación provechosa eso de soltar al albur palabras, frases manidas preñadas de ideas trilladas que saturan mi vertedero del saber fotográfico.             El caso es, que el viernes, día 13 de enero del 2023, asistí a la inauguración de la exposición fotográfica Redanimare, de la asociación fotográfica Ágora Foto Cine Club, en la biblioteca nacional sita en la ciudad de Oviedo.             Una exposición colectiva de los miembros de Ágora, abarcando variada teología fotográfica. Es decir, que tiene un trasero…digamos…amplio, y aunque aparenta baja estatura y preminente barriga…vamos, que la expo no es flaca como el hueso de un pollo.             Los autores fueron presentándose individualmente a la concurrencia por medio de pequeñas pinceladas de su ser y hacer.             Escuchándolos, mi mente dedujo el diminuto mundo que cada fotógrafo ha ido construyendo en torno a él, a su percepción, manteniéndose, aunque las arrugas y las canas sean la evidencia del transcurrir del tiempo.             En conjunto, la exposición es casi un mundo sin rostros, donde las sensaciones emergen como burbujas de sales en la bañera, bulliciosas cual río de aguas bravas.             Tomas donde el cielo no está cubierto de oscuros nubarrones, sino de hojas húmedas anaranjadas. Colores brumosos, y en el ambiente, comienzan a soplar susurros, quizás de trinos, mientras el aroma a tierra se filtra por la nariz de manera misteriosa.             La noche hace más intenso el frío, y posiblemente, fuera ese el motivo de la quieta fotografía cual estatua materna, como anotación en el rol de las deudas pendientes.             De golpe, la sala de exposiciones se anegó de murmullos crecientes y vigilante de seguridad a los cuales no presté atención. Sólo pensaba en las fotografías preguntándome qué las hacia especiales. La respuesta surgió de por sí: la mirada. Ella es la causante del cambio de la percepción a medida que se las observa. Entonces pueden parecer buenas, regulares, ni fu ni fa, o bien, pueden descubrir un atractivo sorprendente. Aunque este razonamiento conlleva un posible malestar: la intimidad. Esta deja de pertenecer en exclusiva a las tomas, al depender de las circunstancias de quien las observa. Dilema eterno.             La sala poco a poco se parcelaba en grupitos de gente, que, en apariencia, parecían debatir o comentar alguna de las fotografías expuestas. Aproveché el momento para acercarme a varios de los autores con la sana intención de indagar en los valores que manejan. Aquí es cuando un mapa pleno de detalles se hace esencial.             En las...

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El olvido que será
Nov01

El olvido que será

Estaba en el interior del chigre, con la botella de sidra a mano y mi soledad a cuestas, dándole vueltas en la cabeza al paradigma: “la Cuenca duele”, de Roberto Pato. Cerca del baño, una silla se quejaba lastimosamente cada vez que alguien se sentaba encima, o bien cambiaba de posición. Afuera, en la sombría calle, a la luz tenue de la farola, una figura “hermosota” daba saltitos, quizás para entrar en calor o perder algunas calorías. No lo sé.             Nos decía el autor a los congregados en Asemeyando durante el pase fotográfico, que “la Cuenca duele” nació de reflexiones personales surgidas durante el trayecto que va de Langreo a Laviana. De subir y bajar por las calles deteniéndose a observar la decadencia del entorno y la tristeza subsiguiente.             Así, fascinado por lo invisible, por lo que fue, lo que pudo haber sido, lo que no es la Cuenca, y no queriendo dar la batalla por perdida, fotografió aquello que le conmovió. Agudizó el oído para escuchar y captar antiguas palabras lanzadas a los vientos y llenar con ellas de significado el camino de Laviana a Langreo.             Nostalgia. Recuerdos de un tiempo al que se siente vinculado afectivamente. De ahí, acaso, el enmarque de su rostro por una mirada serena, profunda, luminosa, a la que se suma una peculiar tranquilidad, como si pudiera ver el futuro, acaso aciago, acaso afortunado, y una voz interna le estuviera susurrando: “se puede lograr.”             Las tomas de “la Cuenca duele”, no son como aquellas fotografías que, en lugar de hablar, escuchan pasos al otro lado del marco, y estiran el cuello con la ansiedad propia del ganado de establo cuando creen que la mano del granjero abrirá la puerta y caerán los granos de maíz en el comedero.             Fotografía que, desarbolada de su antifaz de hombre, se entrega débil, desnuda e indefensa, sin mendigar homenaje. De aire cercano y a la par distante, como absorta en una ensoñación secreta.             A pesar de la actitud externa serena de Roberto, la serie esparce palabras duras salidas de semblante hosco y puños apretados, anhelando restablecer el equilibrio de las cosas, que no el renacer.             El guiño documental de la serie, no ceja de preguntar: ¿qué sucede cuando la luz, la oscuridad, la soledad, la multitud, el ruido, el silencio…se torna en obstáculo, en problema? Haciéndose patente el frío, la cercanía, la distancia, el tibio calor, todo se torna en aullido quejumbroso, amargor en los labios, como estar predicando el Evangelio de cualquier santo a unos pocos cristianos renacidos.             Encuentro la serie como medida de un conflicto solidificado cual...

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PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE
Oct21

PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE

 El pasado catorce de octubre de 2022, tuve la oportunidad de explicar y exponer por primera vez, ante público, en la asociación fotográfica Asemeyando, mi fotografía. Mi forma de explorar las calles con sus gentes, sus modos de relación, sus gestos, sus expresiones, …salpimentadas de documental, para ser ancladas en las corrientes húmedas del aire marino, por entre nubes curiosas de blancos cúmulos con existencia individual.  Las dudas antes de decidir a exponer fueron elevadas. Tras catorce duros asaltos boxísticos, de quince minutos de duración conmigo mismo, derrengado, llegué a la conclusión, de que en realidad, exponer, se transforma en un acto donde todas las tomas fotográficas, todos sus símbolos y caracteres, salen volando para mezclarse y combinarse en las formas seleccionadas por el autor; y de esas formas, en ocasiones, surgirán relatos extraordinarios, bellezas que te dejen clavado a la silla a modo de punta de hierro en la madera, en otras, surgirán antiguas criaturas de barracas de feria. Exponiendo se asume un riesgo, por supuesto, pero si nunca se diera el paso de exponer, uno se parecería al cero, que aun representando lo absoluto, no se le puede atribuir cualidades, pues es la negación de todos los atributos. Luego, quién quiere parecerse a un cero. Antes de dar inicio a las explicaciones de mi exposición, era consciente de que había recorrido un sendero ascendente repleto de pedrizos y cardos borriqueros. Camino de herradura internándose en el lejano horizonte, donde un cielo de nubes esponjosas se mueven al ritmo de una presuntuosa gitana sentada bajo un seto mojado. Goyesca, luciendo mantilla y peineta, charlando a gritos con las piernas que tiemblan, con el mundo, o vete tú a saber con quién. Exponer puede resultar como aquellas peleas de novios de la serranía andaluza, que, en la noche de San Juan, el hombre, decoraba la casa de su amada con flores y ramos de cereza, pero si la noche anterior habían reñido, entonces ponía ortigas y cardos. Son cosas del amor cuando se convierte en fuego tenso y prolongado. Al contrario de una sopa de letras la cual nunca se convertirá en un libro, quien expone su fotografía, de alguna manera, es un espíritu con nervio narrando aventura, armado de sable que no cesa de añadir fuertes pinceladas de truhanes coloridos; poseedor de ese brillo acerado en los ojos de quien no ha comido durante largo tiempo, y sentirse a la vez, sorprendido por la desnudez del acto expositivo. Sí, a la hora de exponer, el miedo se puede ceñir sobre el autor a modo de crepúsculo en invierno, pero si hacer fotografía es un patrón generado por explosiones...

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SENDEROS DE AGUA Y TIERRA
Sep28

SENDEROS DE AGUA Y TIERRA

Oigo voces afirmando, que, para ser un periodista, de esos de pata ancha y negra, se ha de estar en posesión de dos cualidades indispensables: ser capaz de extenderse escribiendo sobre un tema del que no se sabe ni papa, y describir un acontecimiento al que no se ha asistido.             Días atrás, durante una comida fraterna de la asociación fotográfica Asemeyando, tuve la oportunidad de mantener una distendida y amena conversación con el fotógrafo que a continuación describiré en este pequeño artículo.             He observado por medio de las llamadas redes sociales, largas pinceladas de su fotografía. También he podido asistir a una proyección de su obra en la sede de Asemeyando en La Felguera, lo cual, me dio una nueva oportunidad de profundizar en el sentir, latir y pensar del fotógrafo: Vasco lo llaman. Y no, no soy periodista.             No lo conocía en persona, y cuando se presentó la oportunidad, lo primero que observé, fue la expresión serena de quien cree saber lo que hace. Expresión reafirmada por un rostro vivaz de mirada sincera, comunicativa.             Mientras lo oía explayarse—arranca y hay que pararlo—sobre su creación fotográfica, no pude dejar de sonreír para dentro, pues Vasco, al igual que todas las sociedades humanas, ha sentido la profunda necesidad de describir sus orígenes relatando su propia historia creativa, con la particularidad de caminar descalzo—autodidacta proclama él—por el suelo pavimentado, frío, protegiendo la llama de una vela—conocimiento digo yo—con la mano.             Bromista, alegre y ciertamente revoltoso, al momento de relatar su obra, maneja la situación con la seriedad de arúspice de buena fe.             Esta forma de hacer frente a los accidentes que la creatividad le pone delante, lógicamente, le traen ausencia de sosiego; aunque en Vasco, se mezcla brutalmente con su peculiar entusiasmo. Es entonces cuando se ve arrastrado a realizar una fotografía que no juegue con la ambigüedad de los nombres para producir efectos equívocos.             De ahí, que con cada fotograma se rompa por dentro al mostrar sueños estructurados en procesos de cambio permanente; su fragilidad a la par que la resguarda. Algo así como esa cerámica griega, a las que el poder del fuego les confirió cualidad casi divina, prodigio de Hefesto.             Fotografías iniciadas de modo confidencial, y finalizadas en notas cristalinas fluyendo en el ambiente con el semitono adecuado, acunando los sentidos del espectador—tal y como si escucharan una nana—al apoyarse en confesiones cromáticas de frescura alada por la facilidad con que se encadena una toma a otra.             Ahí está, envuelto en su iconografía musical como si de un abrigo se tratara. Enamorado de la luz cuya estrella se le...

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POCIONES MÁGICAS
Mar06

POCIONES MÁGICAS

              Antes de arribar a Campo de Caso para asistir a la presentación de la exposición: “Con ojos de mujer”, de la asociación fotográfica Asemeyando, hice una parada en el camino. Tenía tiempo suficiente puesto que hasta las doce del mediodía no comenzaría el acto de inauguración, y apenas eran las diez y media.             Buscaba un lugar desde donde admirar la belleza de las montañas circundantes al pueblo, envueltas en bruma, salpimentadas de nieve recién venida al suelo, bordeadas del ocre bosquecino.             Paré en un pequeño prado rodeado de maleza diversa. En mitad del mismo, una burra parda me miró con desgana mientras movía rítmicamente las mandíbulas. Perplejo, me quedé mirando fijamente el paisaje rebosante de humedad, como absorto en la contemplación de la burra parda.             Al marchar, tuve la extraña impresión de haber estado confesándome.             No deseo en este pequeño artículo, abordar las cuestiones de carácter ideológico que arropan la exposición, pues el mundo…tan hermoso, problemático, absurdo…porque nada de eso es realmente importante. Dentro de cinco, diez, veinte años, lo inadmisible actual, los problemas cruciales, y lo hermoso habrán dejado de existir; otras preocupaciones ocuparán su espacio…aunque las fotografías ahí estarán, con sus propuestas discursivas, maravillosas, tan extrañas en ocasiones, no cambiarán…casi son eternas, y en ellas sí quiero entrar.             Dado que eran varias las autoras exponiendo, el discurso de cada cual era cortito. Luego tras echar un primer vistazo a bote pronto, tuve la impresión de encontrarme en una animada conversación de amigos, donde todos los temas posibles se abordan y en nada se profundiza.             Como una hormiga tras un mendrugo de pan en el pedregal, regresé a las tomas. Ahora más detenidamente.             La mezcla fotográfica se me antojaban olas heladas y ardientes inundando la sala alternativamente, asaltando, envolviendo, invadiendo, en lucha constante por aturdir al espectador.             Dos retratos. Uno desafiante, duro; otro abstraído, tierno; ambos mudos. Pensaban. Me recordó la escena de un tiempo no lejano, donde un campesino con sombrero de paja, en mangas de camisa negra y pantalón de pana, cava, riega, siembra, planta. Al cabo de un rato, apoyado en la azada, mira retando al horizonte, piensa ensimismado. Después, tras encogerse de hombros, reanuda su tarea. Ese instante retador, de ausencia, quizá fuera el resumen de un mundo de pensamiento, tan numeroso, tan profundo, tan extraño, que no encontrase el labriego palabras para expresarlo. De ahí las tomas.             En el interior de la sala de exposiciones, un mundo finito de formas y colores se mostraba. En el exterior, un viento frío y cortante azotaba las calles de Caso.             Cuanto más tiempo dedicaba...

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