POCIONES MÁGICAS
Mar06

POCIONES MÁGICAS

              Antes de arribar a Campo de Caso para asistir a la presentación de la exposición: “Con ojos de mujer”, de la asociación fotográfica Asemeyando, hice una parada en el camino. Tenía tiempo suficiente puesto que hasta las doce del mediodía no comenzaría el acto de inauguración, y apenas eran las diez y media.             Buscaba un lugar desde donde admirar la belleza de las montañas circundantes al pueblo, envueltas en bruma, salpimentadas de nieve recién venida al suelo, bordeadas del ocre bosquecino.             Paré en un pequeño prado rodeado de maleza diversa. En mitad del mismo, una burra parda me miró con desgana mientras movía rítmicamente las mandíbulas. Perplejo, me quedé mirando fijamente el paisaje rebosante de humedad, como absorto en la contemplación de la burra parda.             Al marchar, tuve la extraña impresión de haber estado confesándome.             No deseo en este pequeño artículo, abordar las cuestiones de carácter ideológico que arropan la exposición, pues el mundo…tan hermoso, problemático, absurdo…porque nada de eso es realmente importante. Dentro de cinco, diez, veinte años, lo inadmisible actual, los problemas cruciales, y lo hermoso habrán dejado de existir; otras preocupaciones ocuparán su espacio…aunque las fotografías ahí estarán, con sus propuestas discursivas, maravillosas, tan extrañas en ocasiones, no cambiarán…casi son eternas, y en ellas sí quiero entrar.             Dado que eran varias las autoras exponiendo, el discurso de cada cual era cortito. Luego tras echar un primer vistazo a bote pronto, tuve la impresión de encontrarme en una animada conversación de amigos, donde todos los temas posibles se abordan y en nada se profundiza.             Como una hormiga tras un mendrugo de pan en el pedregal, regresé a las tomas. Ahora más detenidamente.             La mezcla fotográfica se me antojaban olas heladas y ardientes inundando la sala alternativamente, asaltando, envolviendo, invadiendo, en lucha constante por aturdir al espectador.             Dos retratos. Uno desafiante, duro; otro abstraído, tierno; ambos mudos. Pensaban. Me recordó la escena de un tiempo no lejano, donde un campesino con sombrero de paja, en mangas de camisa negra y pantalón de pana, cava, riega, siembra, planta. Al cabo de un rato, apoyado en la azada, mira retando al horizonte, piensa ensimismado. Después, tras encogerse de hombros, reanuda su tarea. Ese instante retador, de ausencia, quizá fuera el resumen de un mundo de pensamiento, tan numeroso, tan profundo, tan extraño, que no encontrase el labriego palabras para expresarlo. De ahí las tomas.             En el interior de la sala de exposiciones, un mundo finito de formas y colores se mostraba. En el exterior, un viento frío y cortante azotaba las calles de Caso.             Cuanto más tiempo dedicaba...

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LOS SONIDOS DEL AGUA por R. Ibañez
Dic17

LOS SONIDOS DEL AGUA por R. Ibañez

Nuevamente, Lujó Semeyes, osado, expuso una obra titulada en esta ocasión: “Los sonidos del agua”. El lugar elegido para su exhibición se encontraba en la localidad de Pola de Lena, en la mal llamada casa de cultura. Digo exponía y se encontraba porque el pasado día 14 de diciembre, tras haber recogido las pertenencias e introducirlas en el baúl de viaje, tomaron rumbo casero. Más que nada porque el visado caducaba.             Antes de acudir, había quedado con el autor en vernos en, ja,ja,ja, casa de cultura, a eso de las siete de la tarde, para indagar un poquito, no mucho, en los enredos cerebrales de Lujó.             Me adelanté a cita para tener la oportunidad de poder pelearme con impresiones propias y cotejarlas a posteriori con el argumentario del fotógrafo.             Eran aproximadamente las seis de la tarde cuando arribé a la sala de exposiciones, en la cual, un grupo de personas, hablando entre ellas, se acumulaban a la entrada. La mía, tuvo el efecto de la curiosidad, dado que el hablar se transformó en ligero murmullo y las miradas, antes fotográficas, se posaron como alfileres en mi persona.             Bajé la vista hasta las baldosas grises del suelo, y tomando un chupito de valor, me encaminé, con paso inseguro, hacia el fondo de la sala, hasta toparme con la primera de las fotografías que observaría en esa tarde. Cuando estaba delante de ella, me di cuenta de que apenas respiraba.             Mientras el sol por fin brilla algo y la tierra rota tranquilamente alrededor de su eje, tengo miedo de perderme entre los paisajes del autor. De no encontrar una grieta a través de la cual poder mirar y expresarme, pues estos parajes no son mi fuerte.             En la serie reina la penumbra del incipiente amanecer y la tímida calma antes de la tempestad guardando el polvo y la memoria de un tiempo pasado.             Alternancias climáticas frías y calientes: sangre recorriendo el cuerpo de un lado para otro por entre venas y arterias. Señales acercándonos a donde muere el sol. Temblor de palabras a punto de eclosionar. Resaca amorosa a la que no es conveniente un despertar violento. Serenidad apabullante. Sueño, emoción.             Mi recorrido me trasladó hasta un pantalán destartalado, en equilibrio imposible y constante que avanzaba atrevidamente en la mar, y me quedé un tanto absorto, pensativo, pues la imagen tenía la elegancia de una patinadora sobre el hielo; delicadas espirales y rizos emergiendo del fondo de las cuchillas, y aun así, se respiraba serenidad, silencio, pero también la necesidad de compartir el momento con alguien, de apresar el placer.             Cualquier fotografía...

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DE MUBAI A ANANTAPUR por R.Ibáñez
Dic13

DE MUBAI A ANANTAPUR por R.Ibáñez

Acompañado de Jorge Alonso y de Seve L., asistí a la inauguración de la exposición De Mubai a Anantapur, en el hospital Valle del Nalón de Langreo.   Mantuvimos, tanto Jorge Alonso como yo, una larga y amena conversación con el autor—Seve—buscando los pormenores de la serie, de la luz, de las fotografías, de la vida. De las impresiones obtenidas trata el siguiente artículo.   Pudo haberse debido al color, a los aromas, al sol, a lágrimas corriendo por las mejillas que van a parar a la tierra seca, quién lo sabe. El caso es que la India y sus gentes causaron un fuete impacto en el autor, de tal forma, que entre éste y su obra hay una profunda involucración psíquica que trata de recrear, no sólo la relación mantenida con lo retratado, sino la propia experiencia biográfica De Mubai a Anantapur.   El efecto intenso causado por la India en el ánimo del fotógrafo, arrastra a la serie hacia un sentido de incertidumbre, de posibilidades, como notas sueltas de música flotando en el ambiente para desvanecerse después en el silencio. Consecuencia de la ausencia de reflejos de elaboración de una idea propia y su posterior desarrollo.   Entiendo la exhibición pública de un tema, de una serie fotográfica como un toma y daca, pues debe dar respuestas a las preguntas que se le formulan, dado que ahí radica el delicado balance entre la distancia analítica por un lado, y la participación y empatía del observador por el otro. En este juego, lógicamente el autor debe explicitar la estrecha relación que guarda su subjetividad y la supuesta objetividad de las fotografías mostradas. Pero en De Mubai a Anantapur, tomado en su todo, no ofrece una definición clara y precisa del relato, sino un sol pálido intentando hacer un guiño de luz, que no de calor, al espacio mudo.   Para finalizar el comentario de serie tratándola como un corpus. En un intervalo de tiempo y estancia corta, es imposible comprender los pulsos de la cultura que se visita. Con esa base, querer compararlos con la propia es como querer ver el sol en plena noche, o las estrellas a pleno sol. Así, la serie carga con un fuerte componente de relativismo al no delimitar lo que los humanos tenemos en común de lo que cada cultura posee de propio. ¿Qué es lo que se compara y cómo se compara? Responder a esta cuestión es importante dado que las culturas son plurales y están condicionadas, y por lo tanto no se puede buscar y reflejar explicaciones generales a partir de hecho particulares en sociedades concretas.   Por otro lado,...

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Heart Crash Attack
Oct05

Heart Crash Attack

LA CANCIÓN DEL BISONTE    La tarde se vistió de otoño para recibir la presentación del foto-libro Attack-Crash-Heart de José Badás en el MUSI de Langreo.   Con pantalón negro y polo crema, estilizado. De pelo fino, rubio y ralo, con más perilla que barba, navegaba el autor.   No lo conocí hasta ese instante, y tuve la impresión de que se asemejaba a esa mujer de luto sumida en sus oraciones ante el respaldo de un banco de la iglesia de turno, con la vista clavada en un Jesús de madera, y al finalizar el rezo, su rostro tiene la expresión de quien acaba de despertar, para de seguido, adquirir la inefable melancolía de todo cuanto vive.   La obra, con guiños simbólicos, abstractos, amasados en tiras de tebeos, sin moralina ni moraleja, gira a ritmo concreto en torno a un drama personal; momentos de oscuridad, tierras en peligro, sentimientos que atormentan, pesquisas en el tiempo, olores de madreselva al atardecer.   Cuando comencé a escuchar la planificada pormenorización de los estados físicos y mentales por los que atravesó el autor, relacionándolos con objetos observados en las calles, plasmados posteriormente en obra fotográfica, quise levantarme y salir del lugar a toda pastilla.   El relato me trajo a la mente dolorosos recuerdos, fragilidad, amargura. Era como estar en un falso llano donde decanta el agua tras la tormenta, hirviendo en siesta, entre efervescencia de charcos y aire de vendedor de trapos que avanza día a día achinando los ojos, como a tientas. No podía con ello pues era como caminar con la seguridad de un sonámbulo.   Pero la casualidad hizo que entre mis manos reposara el foto-libro por la última fotografía: un desnudo lateral del autor con su mujer, abrazados, transformando la pena en deleite como quien tañe una guitarra.   ¡Qué curioso me resulta el apelativo foto-libro! Opuesto al propio nombre: libro. ¿Será por aquello de la cuestión comercial?   Las personas tendemos a ser ambiguas y ambivalentes con respecto a nuestros pensamientos y emociones, aunque de cuando en cuando, alguien tiene la comprensión consciente de cómo es su mundo, e inflamándose de interés y pasión es capaz de reflejar enorme riqueza y complejidad. Así, el significado se encuentra en la proyección sobre la obra de las emociones vividas por José Badás, el cual no confunde la luna con el dedo que apunta a ella.   Descripciones abstractas ilustrando experiencias reales. Como verse en un océano retomando una existencia anterior de nómada, compartiendo los trabajos y las frugales comidas con un puñado de marineros lanzados a la aventura en un barco clandestino, durmiendo sobre el puente...

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SILLE SANAT
Sep06

SILLE SANAT

              El pasado viernes día tres, acudí a la Pinacoteca Eduardo Úrculo en Langreo, lugar donde se inauguró la exposición fotográfica Sille Sanat Sarayi.             Cuando acudo a estos lares fotográficos me olvido de todo, y aunque en apariencia sereno, mis facciones denotan la excitación del momento. Lo sé, porque sin quererlo aprieto los dientes.             Carezco del poder bivalente del fuego. No soy pariente de Hefestos. Mis conocimientos del mundo onírico se ubican entre la penumbra del pasillo y mi barba enmarañada. Luego no comentaré las expuestas en Sille Sanat.             En la pinacoteca, las fotografías hablan un idioma diferente. Son un murmullo extraño, quizá confuso, que parece provenir del interior de los fotógrafos que exponen. Me detuve para escuchar con atención, mientras en el exterior, un sol apagado brillaba a través de un ligero velo de nubes             Cada animal, cada árbol, cada brizna de hierba es radicalmente distinta en los diversos continentes que alberga la Tierra. Las fraccionadas imágenes avivan la curiosidad. Cada mirada es expectación e invitación a la exploración, quizá fugitiva, quizás a una reflexión cogida al vuelo, quizás a el rincón de un drama. Es lo único que permite comprender e interpretar esos horizontes fotográficos, esos pulsos cortos en pausas largas, libres, brillantes, que de otro modo serían estériles.             Las tomas poseen la facultad de trasponer de espectador a morador, a formar parte de ellas, como la Vía Láctea.             Aprecio que cada fotógrafo lleva en sí un mundo compuesto por todo aquello que ha vivido, odiado, amado. Yo lo traduzco a la conmoción causada por la especia de la pimienta durante el reinado de Enrique IV de Inglaterra. Ésta enloquecía a los ricos de tal manera, que la corte ponía sus granos en estuches para mordisquearlos. Esas sacudidas visuales, olfativas, ese calor subiendo por los pómulos e instalándose en los ojos, esa quemazón exquisita en la lengua agregaba un nuevo registro a los teclados sensoriales. Así, los autores han podido elegir y mostrar a posteriori, lo que a los dioses le sobran y otros rechazan.             Quizás hoy en día, mi máxima pasión—aparte de los dos Miuras—sea descubrir novedosas realidades, cambios en la percepción, dimensión y significados que otros fotógrafos plasman por medio de su capacidad de observación y creación. Algo similar a un eclipse lunar, que con tiento anoto su inicio, evolución y final, para después, atreverme a comentarlo.             No trato precisamente de cumplir con mi destino, sino más bien de intentar toparlo. Eso es lo que cebo averiguar. Hacia donde me dirijo. Al infierno, acaso.             En la impávida soledad de la pinacoteca, entre muros y aceras,...

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