MODOS DE VER. MODOS DE EXPRESAR
Abr11

MODOS DE VER. MODOS DE EXPRESAR

              El sábado día diez de abril, participé en una nueva emisión de Tarde de Fotos, auspiciada por la asociación fotográfica Asemeyando. En esta ocasión, el actor principal e invitado, era un tal Alejandro Ramírez. Un desconocido para mí.             Como en ocasiones anteriores, la pantalla de mi ordenador se fue rellenando en su parte superior, con cuadraditos que mostraban los rostros—casi todos—de los participantes. Y como en ocasiones anteriores, el ambiente diseminaba energía expectativa, lo cual hace más atractivo si cabe Tarde de Fotos.             Mientras el Sheriff y el Maestro de Ceremonias se ponían de acuerdo en los pormenores de la emisión, busqué entre los cuadraditos del ordenador al fotógrafo que nos había reunido. Creí dar con él, pero no estaba seguro.             En la calle el sol escaseaba pues la noche le iba pisando los talones a la tarde y la lluvia comenzó a golpear levemente los cristales de mi casa.             Llegada la hora, el Maestro de Ceremonias nos presentó al protagonista: Alejandro Ramírez. Joven, con un rostro nada arrogante, de voz y gestos contenidos, guarda una semejanza física con el detective de la serie televisiva Luz de Luna. Al poco, el Maestro de Ceremonias le fue haciendo, a modo de introducción, una serie de cuestiones a las que el modo cohibido de Alejandro respondía políticamente correcto. Quizás por no querer molestar a nadie. Quizás porque estaba sumido en un sueño oscuro desde el que intentaba escudriñar a través de la lluvia.             Finalizada esta etapa de Tarde de Fotos, se abrió paso en la pantalla de mi ordenador una mezcolanza de estilos fotográficos. Yo observaba con la mayor intensidad posible para que se grabaran en mi mente aquellas fotos, pues parecían saludarme tímidamente con la mano.             La mirada desarrollada por Alejandro no me resultó íntima, aunque sí reveladora del empeño en buscar secretos en lo típico con * puntillismo. Fragmentos escogidos—aunque al autor no le “gustaran”—de sociología instantánea de objetos varios con interés, encanto y oscilación entre las normas fotográficas y pictóricas. Resultado del grado de compenetración entre el creador y su obra.             Posiblemente el rasgo característico del autor, sea la curiosidad por descubrir imágenes que prometen un punto de observación comunicativa a partir de un tema simple para mostrar la profundidad idónea de significado. No obstante, tengo la sensación de que las imágenes de Alejandro tienden a ser ambivalentes con respecto a su pensamiento y emociones. Esta percepción partidista deriva de la intensificación abierta de la producción fotográfica del autor. Y sin embargo, en los fragmentos de su obra se aprecia la construcción de un orden gráfico estructurado transmitiendo pasión...

Leer más
* ZEITGEIST
Mar13

* ZEITGEIST

Días atrás, y aunque parezca mentira, sin ayuda de colaboradores, logré establecer la conexión con Tarde de Fotos mediante el programa informático Zoom. Esto de conectarme a artilugios cuyos usos ocultos me son desconocidos, me causa una cierta inquietud, por no decir recelo.             Al poco, según se iban sumando personas a la emisión, la pantalla del ordenador se fue rellenando de cuadraditos con rostros. Algunos, otros nuevos para mí. Detrás de los personajes se mostraban diversos fondos: cielos, montañas, cortinas, faros, calles, comedores, etc. Cada cual había seleccionado el fondo más conveniente. Quizás como fórmula de representación. Quizás como uno de los múltiples fondos posibles.             Los cuadraditos del ordenador tenían la extraña facultad de hacer desaparecer o difuminar a los participantes y sus fondos. Ivan y venían a su antojo movidos por los hados invisibles de la tecnología. A mí me dio la impresión de estar participando en un capítulo de la serie televisa “Entre Fantasma”.             El tiempo transcurría entre caladas de pitillos, volutas de humo, cuchicheos y sorbos de cerveza embotellada, mientras aguardábamos a la conexión de algún que otro rezagado.             El ambiente diseminaba energía expectativa cuando una voz grave inició la sesión presentado al actor principal: el fotógrafo Emilio Romanos.             Al conocer cuál de aquellos cuadraditos pertenecía al invitado, un espectro de sensaciones inciertas me invadió. Emilio mostraba el aspecto de un sacerdote de aldea cuyo rostro mostraba cansancio. Algo pálido, de cara delgada delimitada por una barba primitiva y blanquecina. De cejas tupidas y algo más que ralo de pelo. Los cordones grises de su prenda de vestir confesaban la existencia de una semi capucha con la cual cubrir el cuello y la cabeza.  Emilio se inclinó ligeramente hacia adelante para saludar a los participantes del evento. Dejé escapar un suspiro pues su salutación tuvo idéntico efecto a bajar el volumen a un aparato de música. El caso es que su aspecto y su expresión en general se me antojó el de alguien que hubiera estado leyendo filosofía y acabara de soltar el libro para reflexionar sobre lo leído. Inconscientemente me dije que no debería esperar mucho de la sesión, dado que un cura sólo dice cosas de curas. La tarde había dejado paso a la noche cuando el Sheriff de Langreo logró imponer un cierto orden entre los cuadraditos del ordenador. Los rumores, las risas, los chistes de última hora se marchitaron al anunciar el Maestro de Ceremonias la proyección de un vídeo. En él se nos mostraría una minúscula parte del trabajo fotográfico desarrollado por Emilio Romanos. El autor lo había previamente preparado para los presentes. Entonces me fijé...

Leer más
ENCUENTROS EN LA SALA DE EXPOSICIÓN
Feb27

ENCUENTROS EN LA SALA DE EXPOSICIÓN

La vida es el resultado de no pasar excesiva carencia de alimentos, de lograr llegar a la primavera de forma imperiosa, pues el invierno es una enfermedad de consecuencias fatales. (1) Juan Luis Arsuaga. Juan José Millas. “La vida contada por un sapiens a un neandertal.”     El hambre es el deseo vivo de comer, hecho sensible por las contracciones del estómago. Pero también, el hambre significa el deseo ardiente de algo, en mi caso, de aprendizaje, comprensión, fortaleza y habilidad de la temática fotográfica, y en concreto, de la callejera.      Siempre tengo hambre de fotografías. De hacerlas y verlas plasmadas en papel. Tanto propias como ajenas. Es algo emocionante.       Con esta “fame” a cuestas, y tras darme días atrás un corte de pelo que me proporcionaba un cierto aire a infante de marina, me planté a las puertas de las Escuelas Dorado, en el concejo de Langreo. Una asociación fotográfica del lugar, exponía fotografías con tanta diversidad temática como asociados tiene, o casi.       En lo alto de las escaleras que daban acceso a la sala de exposiciones, varias personas hablaban entre sí. No los conocía y debía pasar entre ellos. Con la expresión concedida por la tranquilidad de quien entiende que hace lo correcto, subí por los escalones sin prestar atención a la conversación.       La sala de exposiciones es un recinto rectangular abierto por uno de sus extremos. El de la entrada. En el interior grupos separados de individuos conversaban animadamente. Desconozco si los diálogos se concentraban en las fotografías expuestas u otra cosa, como a dónde acudir a tomar unas botellas de sidra una vez abandonada la sala. Lo cierto es que el ambiente se me antojó cargado de energía, tanta como la precedida a una tormenta eléctrica.       Pasé al interior y me quedé absorto mientras recorría la sala repleta de fotografías con la mirada y sin apenas respirar, ésta quiso ir más allá, hacia el manto interior de los acontecimientos que cada fotografía recogía. Aunque antes de introducirme en ellas, no podía olvidar que la fotografía crea un modelo de actividad independiente, permitiendo a cada fotógrafo desplegar una sensibilidad única, y de que cada fotografía expuesta en la sala, (y en general) sólo puede ser tal como sea el fotógrafo. Así, me los imaginé momentos ante de realizar las tomas. Cargados en la mochila con esa mezcla de desasosiego y entusiasmo mientras son arrastrados inevitablemente a hacer realidad los sueños, y, entonces, logradas, tomando aire fresco.       Las fotografías revelaban momentos cruciales de libertad creativa. Esbeltas y armoniosas pese a su gran tamaño. No estaban creadas por la persuasión o la...

Leer más
FOTOGRAFÍA CALLEJERA
Ene02

FOTOGRAFÍA CALLEJERA

Hace días, mantuve una conversación telefónica corta, no intensa, aunque gratificante, con un miembro de la asociación fotográfica Asemeyando. Giraba el diálogo en torno a una fotografía de calle. El caso es que me hizo pensar sobre el tema, pues no tenía claro si habíamos llegado a un entendimiento meridiano.             Sacando energía—la cual últimamente se ubica en un dos por ciento de mi batería—de no sé dónde, daré una opinión particular sobre el significado de Street Photography. Trama que, por cierto, me interesa muchísimo.             ¿Quién eres tú que adoptas tan diferentes formas?             Contemplamos multitud de fotografías y al hacerlo creamos conceptos particulares (clasificaciones) en nuestras mentes. Esos conceptos condicionan nuestro modo de verlas, bien apreciándolas, bien rechazándolas, bien mostrando indiferencia. Esto no responde a un hecho fortuito, ni al acto grotesco de un borracho, sino a un repertorio de connotaciones vinculadas a proposiciones complejas nacidas de un paradigma: el inicio de la fotografía.                         La fotografía callejera en su iniciación era menos un movimiento artístico que una expresión de conciencia social comprometida con los problemas reales de cada día en el mundo urbano. Esta preocupación surgió como consecuencia de la industrialización. La sociedad industrial necesitó enormes cantidades de mano de obra, lo cual, provocó el éxodo masivo del campo, engrosando la ciudad y sus arrabales. El movimiento migratorio conllevó a la pérdida de identidad y del papel que cada cual jugaba en su comunidad. Ahora eran integrantes de un sistema productivo que les organizaba la vida según los criterios económicos del momento y, en consecuencia, abandonaron las normas morales que hasta ese instante eran la base de su sociedad rural. A las Ciencias Sociales, la fotografía callejera/documental, les demostró ser una excelente herramienta para la documentación de las condiciones de vida y el medio en el que se desenvolvían las sociedades. En concreto tanto la Sociología como la Antropología se beneficiaron de ello, dado que estaban al tanto de que la vida no era la falsedad más colosal y que la vida humana no coincidía con la vida del ser humano, al ser el conjunto social, no individual, convirtiéndose la fotografía en una expresión de la conciencia social comprometida con los problemas del mundo urbano industrializado. Esta transformación social y cultural no sólo trajo miseria, sino que cuestionó el concepto del bien y del mal. Lógicamente carecían del punto de equilibrio fotográfico que representa un movimiento artístico.         La street photography comienza a alcanzar un desarrolló importante cuando se contrapone a la fotografía claustrofóbica del estudio, su solemnidad y sus poses estudiadas, calculadas. Fotógrafos de la talla de Eugène Atget, Henri Cartier-Breson, Willy Ronis, Brasaï, Robert Frank,...

Leer más
La columna de Rafa: Jorge Alonso Molina
Mar15

La columna de Rafa: Jorge Alonso Molina

Bienvenidos a una entrada de la sección . Una entrada que hoy estará dedicada al fotógrafo Jorge Alonso Molina. A la entrevista, acudió con un sombrero de alas anchas de color marrón, el cual cubría un pelo canoso que en su parte posterior finalizaba en una pequeña cola. La barba y el bigote perfectamente recortados. Unas gafas graduadas intentaban vanamente cubrir unos ojos indagadores de cuanto le rodeaba. De gestos y hablar comedidos, sólo se alzaban cuando deseaba remarcar un punto que él consideraba importante.             Lo cierto es que las dos horas largas de entrevista, se me hicieron muy cortas. La impresión final que me dio Jorge Alonso hablando de fotografía, es que al principio las cosas se expresan de modo discreto para posteriormente mantenerte bajo el sometimiento emotivo, espiritual e incluso físico. Por tanto, la tarea más difícil en fotografía es la de dejar cosas fuera, y ahora que debo trascribir la conversación mantenida, me siento como cuando uno se va de viaje y hace la maleta, no tienes sitio para meterlo todo.             ¿Jorge, la fotografía lo es todo?             La fotografía es música. Hay cantidad de ejemplos de cuadros e imágenes, que no son sólo sonoros, sino que además te piden a gritos el tratamiento, el grado de ampliación, hay que saber escucharlos, con lo cual tiene que ver con la sinestesia. La música está muy relaciona con este tema. Cuentan que Van Gogh fue a clases de música y lo echaron, porque relacionaba el color con las notas musicales. De hecho, Van Gogh pintaba las teclas del piano de un color, porque con la música lo que veía eran colores y formas. En cualquier caso, yo, sigo intentando aprender en ese aspecto.             ¿Pero Van Gohg nunca vendió un cuadro?             No claro, se los compraba el hermano para que él no se sintiese mal, claro. Se lo pasaba en una asignación. Se lo hacía de aquella manera para no molestarlo. Esa es otra parte. Es la del mercado.             Claro es la parte más importante.             Vender o no vender no está relacionado con que sea arte y éste sea bueno o malo, es otra.             ¿Entonces, puedo entender que la fotografía es arte?             Sí, sí. La fotografía en si misma no lo es, pero es una herramienta que conduce por el camino del arte, como decir un pincel, un dibujo, ¿es arte?, no, no tiene por qué serlo, pero son herramientas. Puedo poner un ejemplo, yo tengo aquí este bolígrafo y en mis manos, yo ahora cojo ese papel y pongo: tengo que ir al Mercadona, yogures, pan, harina integral, eso...

Leer más